oblicua del verbo
consigue afligirnos,
es detestable la perfección
en el negro del cuervo,
observame y elígeme palacio,
habítame colibrí
arlequín del viento,
saciame de la tendencia que no comprendo
sacame la palabra
de mi fatiga,
a jirones de este tímido cuerpo.
No hay olimpo con cenizas
que vulgo fuego queme de lamento.
Invoco racimos de porfía
en templos de contemplación,
ya no es mía
está manía
de extraviar palabras
en los abismos
que crujían de dolor,
como efímeras aves
que se pierden en su voz
y se quedaron rotas de albedrío
en mi universo anterior.
"Mujer, cierra los ojos para que no se escape la luz de tu
alma y siente la música."
La música suena como arpegio susurrante que consume hasta
el fondo de las emociones, hay una copa en tu mano con aromas volátiles de
brandy de placer, tras ella, tus ojos escondidos, con esa coquetería tan dulce
que remueve mi ser y su brillo, su brillo perpetuo, ese que me enamora y a la
vez me arrastra a la deriva, como un barco sin rumbo cual tormenta lo pone en
el fin del mundo.
La música suena y desvanece la percusión del tiempo, hace
calor, un calor imaginario que incomoda nuestros cuerpos, yo necesito un
instante de invierno, donde aparta mi mirada, un refugio donde huir desesperadamente,
para que calme el ardor que invade mi cuerpo al dictado de su conciencia,
aparto la vista de tus ojos y me refugio en los acordes que acarician mis
sentidos, cierro los ojos y dejo mi
cuerpo balancearse en suave vaivén, mecido por las notas que como azucarillos
se diluyen en mi mente para estimularla en una orgía de instintivo placer.
Y sigo danzando al compás los acordes, como solitaria y
ciega marioneta que pendiera de un solo hilo, al que las notas nunca terminasen
de acariciar, siento tu presencia en mi espalda, sostenida en un acercamiento
eterno, que esperase un abrazo inminente que se deja desear en la extenuación
de mi mente excitada.
Siento la llegada de tu cuerpo a mi espalda y se me eriza
la piel, mientras, tu mano derecha se agarra a mi cintura, noto el calor de tu
vientre y la presión de tus caderas que ahora siguen el ritmo de la música, tu
mano izquierda, al unísono, atrapa la mía acurrucándose contra mi pecho, sé que
sientes mis latidos desbocados, que ya no marcan el compás de la melodía y se
aceleran a progresivos golpes de excitación , creo que se me pierde la melodía
tras el aire que fluye de tus labios junto a mi oído, cuando por encima de mi
hombro posas un beso lago y profundo desde mi mejilla hasta el escalofrió de mi
cuello y sigue la música sonando, mientras bailamos esta melodía, tan deliciosa
como eterna, sabiendo que los corazones bailaran fundidos para siempre,
quemándose en el fuego de la pasión.
"Mujer, cierra los ojos para que no se escape la luz de tu
alma y siente la música"
Bailemos.
Imagenes. De la red.
Suena: Julie London Vintage Jazz Corner – Old Music Classic Vibes.