viernes, 29 de abril de 2016

Atalayas Latentes.



Esbeltas las piernas,
se alzan de puntillas
sobre los dedos desnudos
de unos pasos acompasados
que golpean percusiones
de tenue silencio,
en una procesión
de sensual intención.

Tras el prisma del vaso
que sostengo en mi mano
se delatan los vapores
de un seco escoces
y en el mar de sus sabores
bailan seductores
su atrevida danza tus pies.

Se turnan mis manos
acariciándote se pierden,
entre las avenidas de tu espalda,
por las riveras de tu vientre,
caricias de vértigo gozoso
inercia desafiada,
ojos donde se esconde el olvido
y yace la gloria colgada.

Tu tentación se posa a mis pies,
impaciente me rindo a tu ambición,
suplica improbada
que mis labios callan.



Los privilegios te pertenecen
en el que hacer del amor,
tus labios hierven
de febril ardor,
inclinados doblegan
rocallas sin pudor,
a orillas de mi vientre
tus ojos roban mi ternura,
desalmado me vuelvo transparente
en un cielo desbordado
de atalayas latentes.
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jueves, 28 de abril de 2016

Flores ensangrentadas





Flores que duermen
en jardines de silencios,
Yo las busco,
hojas que crecen
mitigando gestos,
yo las contemplo,
el grito fluye
ante el trance que destruye,
amanece preñado de finitud
escondiéndose a los ojos de la multitud,
el pulso aletea
entre la tibieza de los aromas
en la mente chispea
y en el corazón…
¿dónde está el corazón?

Penumbra que busca
trechos de claridad,
pájaros de tormenta
volando con ansiedad,
en tus manos mi carne
hecha esclavitud,
tiempo castrado, errante,
volátil juventud.

En la penúltima palabra
recordare siempre
que no le puse alas blancas
ni los colores que se sienten,
mas con espinas armadas
guerreras, ellas se sienten.




Flores que duermen,
flores que sienten,
flores regadas,
flores ensangrentadas.
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domingo, 10 de abril de 2016

Vilipendio.



Inmóvil esperando el día
desmigando los segundos
de una cuenta atrás
en un día cualquiera
fijo mis posturas,
mientras oteo el horizonte,
el azar es una hipérbole difusa
que se asoma por los clareos
de una madrugada que muere,
mientras…
lento te acercas a mí.

Los hombres que caminan
deberían saludar en las intersecciones,
los hombres que caminan
no son más que los que esperan,
de que tienes miedo
para volar más alto
que los que habitamos
en el firmamento de la palabra,
tal vez
tejes la hipocresía
tras una inocencia audaz
con notas musicales
tras las que te escondes
con tu prepotencia.

O acaso…  necesitas ignorar
los frutos palpitantes
que acechan
la frágil muralla
que esconde
la verdad que te perturba.
o esa costumbre de ignorar
a quienes crees que no están
a tu altura.

¡Hay amigo!
la vida es desamparo,
para ignorar las manos

de los que se cruzan en el camino.
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sábado, 9 de abril de 2016

Lluvia.



Débil soy ante la lluvia de tus ojos
precipitándose por los filamentos de rímel
que dibujan interrogantes de misterio
entre sortilegios de azúcar y miel.

Desnuda te sientes
de piel y alma
reposando tu espalda
en el abrigo de mis brazos.

El hilo de tus ojos
se cose a la deriva de mi mirada,
vibras,
en un enjambre e sensaciones
que se disuelve
en las ventanas que te asilan al beso,
tus labios callados
todavía tienen la tibieza
de las palabras en vilo,
de los errantes desconciertos
que irradiaban tu verbo.

Una brisa de latidos
clausuran la mediana
que junta nuestros espacios,
esta ciega locura
donde naufragan
los miedos que te hacen daño,
esta ciega locura
que me abre y me derrama,
que me anuda a ti
sosegando las emociones,
que humedecían tus ojos
trepando por tu resplandor de mujer
para mostrarte el sol,

el bello sol el atardecer.
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