sábado, 30 de julio de 2016

Parábola.





Hay un eco estúpido
detrás de cada letra,
un péndulo sin brillo,
un espacio sin huella.

Una parábola
buscando su primavera
dentro de un sueño
tan previsto…
que siempre se sabe cuándo llega,
piruetas de un corazón
que finge su entrega,
travesía de una tentación
completamente ciega.

A veces veo
ese trozo de cristal hundido
en un pecho ardiente
enmascarado
en una armadura inconsciente,
otras la luna se hace nieve
y no sabe lo que quiere,
el ego es el verdugo
de todos los que mienten.

Toco en la madrugada
un consagrado delirio
que acentúa la ausencia
y no me acojo al alivio
de buscar su presencia,
dejo mis ojos esparcidos
por el olimpo de los consumidos
donde el amor
avanza sobre lo prohibido,
con la desolada herida
de los que crean su sabiduría
en el ocaso de cada día.

En los tinteros
se mantiene la virginidad
de una maleza de senderos
estrellados en la intimidad,
se descuelgan tan negros
preñados de vértigos
que solo tu

sabrás interpretar.


Imagen:eikoweb
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jueves, 14 de julio de 2016

El charco.





El sol con sus rayos golpeo el charco,
con la fuerza de la nada le forzó el daño
que despedido en refracción
en mis ojos llamo la atención.

Agachado, con mi dedo toque el cristalino
que se fue huyendo por todos los caminos,
con un balanceo más divino que fino
de mínimos saltos confusos.

Esperando la tranquilidad de la convulsión
vi mi imagen plantada,
contemplando como yo agachada,
el final de la excitación.

Ya vuelve el agua a ser espejo
tranquilo remanso de serenidad,
ya puedo ver la cara de este viejo
en su juego coqueto con la ansiedad.

El rostro debajo, hundido en la profundidad,
me mira con la fuerza penetrante
y esa pizca de seriedad constante
que adivinan la inquietante fuga de felicidad.

Mi mano en vano quiere borrar
ese rostro que no me deja de mirar,
con los miedos encajados
de perseguir sueños frustrados.

Clavo mis uñas en el húmedo cieno
de esta pequeña metáfora de mar,
cierro mi puño y veo escapar
el barro entre los dedos de mi mano,
cual torbellino submarino
que enturbia el cristalino,
la imagen se disipa en el charco
como la noche desplaza al día,
llenándola de negra melancolía,
de ilusiones trabajadas,
en apotemas prendidas,
que se fugaron con mi aliento.

Ahora se posa la tormenta de estos sedimentos
en tanto encuentra la calma el movimiento,
mientras surge la imagen
y reflexionan mis pensamientos.

“No luches contra la tormenta de tu ser
 pues solo el paso del tiempo, te hará comprender”.
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martes, 12 de julio de 2016

Apareces.




De pronto apareces
llorando palabras nuevas,
en el nácar blanco de tu alma
brota el azul de tu misterio,
la derrota de tu mano
germina
vencida de inspiración
un arpegio
viajando por un horizonte distante
con su Viridiana de tentación.

De pronto apareces
como esa espiral oscura
de notas salvajes
y emergentes como levaduras
que danzan sin posible retorno
en el velo de un secreto,
hurtando el pensamiento
de esa firme promesa
que en un sueño de pasión
escribiste con intención.

Y como brisa voluta
te haces palabra indiscreta,
letra de corriente fluvial
en este silente caminar.
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lunes, 11 de julio de 2016

Siempre en ti.




Yo siempre estuve tentado
con un entusiasmo latente
a endeudarme a tu lado
de amor inconsciente,
hice los lunes festivos
dejando en penumbra la casa
para alcanzar los presagios
que morían tras tu bata.

Mezcle jarabes de ambiente
con apuestas indecentes
en la inmensidad de tus labios,
para conquistar súbitamente
tus silencios solitarios.

Hurgue entre mis palabras
como un imperfecto trovador
que viste su lamento de alabanzas
cual iluso y deslumbrado soñador,
jure en momentos de delirio
marchitar las flores del jardín
con un canto de agudo decibelio
para nunca regalártelas como sumiso paladín.

Abrí las ventanas eternas
con minutos azules de amor,
sembré caricias y briznas de ardor
que jamás dejaran en tus ojos
gélidas galernas
de mártir dolor.

Tal vez sobrepase la frontera
que nunca debí traspasar,
quizás puse algo de mi
en tu dulce mirar
y ahora camino así
intentando alcanzar tu estela
la que nunca he sabido seguir.



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lunes, 4 de julio de 2016

Piedad.



"Por mucho que nos esforcemos
por cubrir las pasiones con apariencias
de piedad y de honor,
siempre se manifiestan
a través de esos velos"

                                       François de la Rochefoucauld



La piedad
es un sentimiento deforme
que persiste en la infinidad
del hombre,
virtud cargada en las espaldas
asilada lucerna de sabios
que tiran sus ojos al suelo
y alzan sus manos en vuelo
rezando en desconsuelo
sobre cuentas de rosario.

Corazones con escarchas de miel
esculpidos con golpes de cincel
que laten al ritmo cruel
lastrando y flagelando la piel.

Confesarse en el código de la esperanza
sin cruzar las cadenas
que te alejen del preludio de distancia
donde sobreviven las penas,
asilarse al fervor impuesto
sobre la exaltación de lo que se venera,
clamor fugaz que desespera

cuando la devoción siente y lacera.

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